De la tiza al lápiz digital

La tecnología ha entrado en las clases como Pedro por su apartamento y campa a sus anchas en universidades y escuelas de negocios. Profesores y alumnos utilizan, disfrutan y ún padecen –los menos– las nuevas herramientas para aprender. Entre los primeros, la abertura del aprendizaje ancestral a la dactilar les ha exigido reciclarse, aprender y adaptarse a los nuevos soportes; para los estudiantes, nativos dactilares ya, la abertura ha sido, prácticamente, (y nunca mejor dicho) un juego de niños.

En áreas más específicas, puntualiza, “el uso de tecnologías ligeras de grabación, como minicámaras o aún Google glass, que permiten emular a los estudiantes actuaciones en anatómico de un odontólogo, por ejemplo.

Herramientas

Móviles inteligentes, ordenadores, tabletas y otros aparatos. Todos los soportes son útiles: “Quien aprende son las personas, no las máquinas ni el software. Estamos hablando de herramientas cabalmente gemelas que los lápices de colores y el papel, en su momento. Más lapiceros y libretas no significa más aprendizaje, ello depende del uso que se les den”, explica Marc Alier.

El ancestral ideario de si la tecnología está reñida con la pedagogía no únicamente encontramos este debate “Las pedagogías están reñidas entre ellas mismas”, el catedrático Alier y añade que cada tecnología se relacione con la visión que tenga cada uno del aprendizaje.

El consenso entre universidades, públicas y privadas, y escuelas de negocios sostiene que pedagogía y tecnología “no únicamente no pueden considerarse incompatibles, sino que además se presentan interconectadas”, señala Gil. La tecnología es “es más útil que los libros tradicionales que lo fueron en su momento”, coincide Lara.

Para más información puedes consultar el siguiente artículo de ElPaís: https://elpais.com/politica/2015/03/04/actualidad/1425474158_004385.html

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